El derrumbre de las ruinas circulares

En mi opinión, “Las ruinas circulares” de Borges pueden comprenderse como una metáfora de la modernidad, en la que los políticos pretendieron “crear” un hombre nuevo, una sociedad nueva, un Estado nuevo y una nueva comprensión del hombre en sí mismo y de la humanidad. 

El templo circular convertido en ruinas, no es más que el símbolo de las creencias religiosas medievales, muchos de cuyos templos fueron asolados por el fuego. El hombre que permanece indemne a todo, no es más que el o los ideólogos que inducen a aceptar sus sueños de crear un ser perfecto, sobre el que tiene un claro paternalismo. Recurre a las ciencias con el objetivo de hallar un buen discípulo que sea permeable a su ideología, que propone desde una tarima. Tarima sobre elevada en un anfiteatro, donde el profesor-soñador se posiciona por encima de los estudiantes, no siempre por razones visuales y acústicas sino, generalmente, porque “es más” debido a su saber.

Detecta el profesor un alumno dócil e inteligente, lo alecciona especialmente, pero este nuevo hombre resulta ser un fracaso. En el segundo intento, el personaje creado sólo sueña, no se inserta ni transforma la realidad. Entonces, recurre al dios del Fuego, el dios de la guerra, portador de las llamaradas reales y concretas con las que pretende que el hijo despierte y convierta la realidad en ese orden que consiste en la ideología del padre.

A mi modo de ver, con esta interpretación personal de “Las ruinas circularles” sólo pretendo aludir a cómo la modernidad ha agotado lo que quiso imponer aun violentamente: la bipolaridad de la concepción del hombre, de la política, de la comunidad, del Estado, la economía, el derecho, es decir, todo, incluso ciencias como la física, la matemática, todas las ciencias “duras”.  Bipolaridad ideológica que no sólo aún perdura sino que, viéndose abrumada por su falta de aceptación generalizada –excepto los jóvenes dóciles e idealistas- sus agónicos beneficiarios buscan a toda costa sostenerla en la clara defensa de sus intereses propios.

Sin embargo, la humanidad tiene una fuerza vital, interna, que la impulsa a evolucionar. Y hoy rechaza –a veces sin comprender muy bien esa bipolaridad- la fragmentación que produce. Estoy convencida que todo aquel estilo de pensamiento que sostuvo la modernidad, se va dejando atrás. Con gratitud por todo lo que aportó, le estamos diciendo adiós. Porque de la misma fuerza vital que la inspira, surgirán nuevas instituciones humanizantes; estilos de pensamiento que se pongan por encima de los dos opuestos y los integren en ideas e ideales no destructivos (no ideologías de dirigentes ávidos de proteger sus intereses personales en desmedro de los intereses comunes); protección de la naturaleza y uso racional de los recursos naturales; educación más ética y menos enciclopédica… Porque sin ética, valores y cuidado del otro, no hay evolución humana posible.

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El valor inestimable de los juristas

Cuando era una joven estudiante de Ciencias Jurídicas y Sociales, un gran Maestro me enseñó que el Derecho es uno. La unidad del Derecho es incontrastable: las personas no piensan en términos de Derecho Civil o Comercial, Penal, Contravencional, Aduanero, Cambiario, etc. Piensan y saben, la mayoría de la veces, si sus comportamientos se ajustan o no al Derecho vigente. Más aún, hasta las personas menos evolucionadas y también las menos instruidas, entienden cuándo su proceder está justificado por las normas sociales y cuándo las transgrede.

A la hora de designar funcionarios judiciales y otros funcionarios que se desempeñarán en el Estado asesorando a quienes están a cargo del ejercicio de funciones públicas, o impartiendo justicia, o dictaminando sobre los derechos y obligaciones de las personas en sus diversas situaciones jurídicas, equivocadamente se busca abogados “especialistas” en esta o aquella rama del Derecho. Los fracasos de esos profesionales y la frustración de quienes acuden al Estado a buscar la tutela jurisdiccional que es uno de sus derechos primigenios, es evidente. En Argentina, ésto es palpable, palpita en las venas de la población, de los habitantes, de los ciudadanos. Porque la mirada del funcionario es parcial y sesgada: no tiene los ojos vendados, es que sólo tiene una porción de la visión de un solo ojo!!!! No puede ver lo que está incapacitado para ver. Así como los nativos americanos no podían ver las carabelas de Colón, porque no las habían visto nunca y esas formas que se desfiguraban en el horizonte, de las que descendían seres revestidos de cascos y armaduras de metal, les eran ajenas a su conocimiento y a su experiencia. 

Ahora en Argentina se debe elegir un nuevo Procurador General de la Nación. Los nombres que se deslizan entre los nominables son “especialistas”, generalmente en Derecho Penal. Ninguno es un jurista, es decir, quien entienda y aplique el Derecho en su integridad. Por eso la balanza de la Señora Justicia seguiría inclinada, nunca equilibrada. 

En un mundo regido por el principio de la polaridad, polarizar la Justicia estatal será el peor de los errores para este tiempo de cambio y evolución. Muchas veces pienso que la venda está puesta en nuestros ojos y la balanza está en manos ajenas; la inclinan con los ojos bien abiertos hacia el polo que más les conviene. El pueblo lo ve, lo sabe, y se siente ofendido en sus más hondas aspiraciones terrenales. 

Mi esperanza está obrando en mí para que se expanda a mi país y las autoridades puedan designar un gran y sabio jurista en el cargo de Procurador General de la Nación, porque su misión es mantener en equilibrio el fiel de la balanza. Para todos nosotros. Para los poderes públicos. Para la humanidad entera en la que se expande el obrar de cada ser. Ya es tiempo de comprender lo que se descubrió hace 45 años, que «El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas», frase incluida por Lorenz en su conferencia del 29 de diciembre de 1972 en una sesión de la reunión anual de la AAAS (American Association for the Advancement of Science). Parece que estamos un poco demorados en el aprendizaje, no?